martes, 7 de junio de 2011

La rosa que mi alma olvidó


Olvidé tras mi sombra la pequeña rosa que me obsequiaste. La primer rosa que humilde buscaba entregarme su delicado aroma de amor. Era joven y simple dijiste, pero llena de un sentido y una ilusión.

Mi sombra pueril sin embargo se hizo espesa y cimbró de horror ante la belleza de tu detalle. Ennegrecida, segura bloqueó la entrada de mis sienes y mi conciencia. Mi cansado corazón entonces, no alcanzó una estrella que de su tallo brotaba. Memoria corta se justificaba, pesadillas largas que cegaron ante la majestuosidad de la luz emanada de tu mirar.

No tuve palabras para describir el porqué perdí tu rosa. La perdí tras mi sombra y el alma de mi sombra se perdió tras tu luz. He cometido un pecado; mi alma, mi mente y todo mi ser no descansarán hasta encontrar la salvación. Juraré por el eterno brillo de tus noches, que tras mi sombra atormentada, sembraré un campo de rosas con tu nombre, con tu amor.

Ésta es mi manera de pedirte perdón.


Alberto Rivera
"Incitatüs"
(Junio'11)
Imagen: Internet

martes, 3 de mayo de 2011

El hueco de mi tumba


No me presenté como siempre
a la espera del destino.
De la vida, estaba muerto.

Eran las doce menos diez,
los pies cansados, lastimosos.
De nuevo, la tumba de mi alma.

Nada había ya en ese lugar vacío,
sólo todo yo y mis distancias.
También el hueco que imploraba un altar.

Tras de mí un sepulcro de horrores y santos,
junto, la huella de una gloria forzada.
Mi loza, la ausencia de un héroe nuevo.

Muerto otra vez me levanté como antes,
cogí mis glorias y alguna que otra herida.
Al suelo las lagrimas que de inmediato secaron .

No aprendí más que levantarme siempre.
Las derrotas insignificantes a mis roídas manos.
La victoria, un sueño infinitamente alejado.

El hueco de mi tumba exige un héroe,
un ser puro y lleno de logros, de fracasos.
Reclama la dignidad para ser honrado.

Mi espíritu sólo reclama luchas, y batallas,
la guerra que mis manos no han cerrado.
Mi alma, la entrega, la fortaleza para seguir andando.


Incitatüs
(Mayo'11)
Imagen: Fernando Vicente

lunes, 25 de abril de 2011

Mi Sueño Con Serpientes


Soñaba y eran serpientes.
Se erizaban su cabello alaciado e inmaculado.
Retrocede su acecho y empuja la cara tras la Luna de abril.
Soñaba y eran serpientes.
El infierno gestiona la admisión de ángeles y traiciona a mis brujas.
Y bailan con la cara que oculta muerde un rayo arrancado desde la punta del Sol.

Soñaba y eran serpientes.
Y se arrastra tras los huesos que cabalgaban al alumbramiento del viernes.
Asesinas, maldecidas, se desprecian por su saña y sanaba mi impúdica existencia.

Soñaba y eran serpientes.
Con las lágrimas erosionan una espada clavada en su abdomen al nacer.
Tanto sueño cansado, me despiertan y resurjo ante el cielo que rojo me brinda su calor.


Incitatüs
(Abril'11)
Imagen: internet

lunes, 18 de abril de 2011

Despertabas


Aún tenía lagañas en los ojos y me llamabas un domingo. Silenciosa y espontánea. Callada pero carcajeabas. El silencio es el misterio tras tus ojos enormes de luna. La risa, es la que nos delata a tu amor.
Aún no había luz de Sol en las mañanas y ya te soñaba de nuevo. Eras el lienzo que mi cielo desdibujaba a las estrellas y las constelaciones, a las cometas de las nubes inalcanzables. Eras una colina justo debajo del atardecer del arcoiris.
Aún no despertabas cuando ya te necesitaba. Las marquesinas de los tejados atestiguaron siempre nuestra historia de risas, colores y flores; de cantos, dulces y eterna alegría. La tristeza, como la noche, siempre quedaban atrás.

Incitatüs
(Abril'11)
Imagen: internet

lunes, 11 de abril de 2011

Luna nueva


Desperté y se había ido. Como una ráfaga del tiempo, borró las huellas y una luz salió de mi boca. Nada había donde siempre una herida colgaba de mis sienes, de mi pecho. Busqué entonces debajo de la cama, tras las paredes y dentro del espejo. La alacena y el viejo escritorio seguían abiertos, intactos y vacíos tal cual los abandonó. La puerta rota seca que siempre cedió al paso de la desesperanza y el frío de la indiferencia. Descalzo y descansado caminé a la ventana. La noche seguía viva, pero ésta vez ya no dolía. Volví de nuevo a la herida de mis sienes y mi pecho. La luna hermosa me había sanado, me había curado. La luna nueva devolvió la vida a mi habitación.


Incitatüs
(Abril'11)
Imagen: internet