
Me dejaste una pluma, un tintero y un millón de motivos.
Sin saberlo, anclaste tu mirada y tu bandera al continente de mis sentidos.
Desperté pronto sin embargo.
Eras papel y ya tenía la pluma, el tintero y los motivos.
Tenía la rabia y el vientre abultado de una mala noche.
Sin embargo, no tenía brazos ni un soporte para apoyarme.
Tras la ventana, una mariposa iracunda gritaba mi desdicha.
Los motivos, poco a poco las acompañaron mientras tu, comenzabas a desdoblarte.
No hubo más sonidos que los de una soga atada a mi cuello, adormecida en mi cuello.
Cabizbajo, sólo atiné a regresarte la oración y mudo, me persigné en tu rostro:
Un beso en la frente,
uno en la barbilla,
uno más en cada mejilla
y uno más en los labios que selle nuestro amor.
Incitatüs
(enero'11)
imagen: internet