lunes, 2 de enero de 2012

Tacto

Perdido el tacto busqué un ojo y el meollo del mismo tacto.
En cualquier modo, había muerto y conmigo las palabras de una canción silente.
"¡No importa!" me grité mientras una carcajada desvirgaba los tímpanos roídos del latir de un corazón.
"No importa" suspiré, mientras su silueta desaparecía tras la sombra de la muchedumbre.


Incitatus
(Enero'12)
Imagen: Internet 

domingo, 18 de septiembre de 2011

Fuegos artificiales


Lágrimas pequeñas acompañan sus ojos. Trató de enjugarlas, pero cada vez brotaban más. Bajó un poco la visera de su gorra, el pasajero de al lado había notado un sollozo.
Pensaba en una última conversación telefónica con su padre:
-”Hija, recuerda que tienes que ser fuerte, cuida a tus hermanos.”
-”Sí papá, así lo haré, pero tu estarás bien. Siento mucho no poder estar contigo ésta Noche Buena, pero el autobús tuvo un retraso, mañana estaré contigo en el hospital.”
-”No te preocupes, soy fuerte, éste pequeño infarto no me derrumbará. Hija, aún en los momentos más tristes puedes encontrar lo bello de la vida. Búscalo siempre y siempre lo encontrarás. Recuerda que te amo.”
-”Lo sé, y yo también te amo papá.”
Una ligera sacudida la regresa a la realidad. Observa su reflejo incoloro en el cristal del autobús. A lo lejos, un resplandor llama su atención. Rojo, verde, blanco y amarillo iluminan el cielo. Levanta la mirada y observa el espectáculo de luces artificiales de aquel pequeño pueblo lejano. Las lágrimas aún distorsionan las formas. Los recuerdos de su infancia venían de nuevo a su memoria. Su padre y hermanos pequeños solían asistir en Noche Buena a aquella plazuela en su ciudad natal. La madre había fallecido poco después de dar a luz a su más pequeño hermano. Eran humildes, Papá Noel nunca había llegado a la mañana siguiente. Sólo las luces de colores acompañaban y llenaban de alegría sus corazones mientras los pequeños buscaban formas en las mismas.
-”Señorita, ¿se encuentra bien?” – pregunta su vecino de asiento.
-”Sí, -apenas y sonríe- estoy bien. Feliz Noche Buena señor.”
-”Gracias señorita, pero aún no es Noche Buena.”
Callada, regresa la mirada a la ventana. No había pueblo a la distancia. No había luces artificiales o algo parecido. Una lágrima y un sollozo de nuevo la acompañan. Comprendió justo en ese momento, que su padre, no la esperaría la siguiente mañana.

Incitatüs
(abril’09)
Imagen: Internet

miércoles, 7 de septiembre de 2011

El beso de la sinrazón



Busqué la razón tras el brillo callado de tus ojos silentes,
aquella mala noche nos dejó apagados en la sombra que deja la lluvia.
Necesitaba también saciar la duda, la intriga de su aparición
pero quedé sordo ante la inminencia de su respuesta muda.

Quise entonces solucionar el acertijo, vaciar la sinrazón a lo inmerecido.
sentía irremediable la culpa y lo enfermizo de la estela del dolor, de la tristeza y la frustración.
Incómodo y moroso, me levanté dejando junto a ti el hueco de mi presencia y mi ansia,
de nuevo y destrozado quedé repleto de más dudas ante mis cuestiones.

Quise hurtar la verdad desde sus cimientos y con ella envolverte con mis acciones,
quise también darte con ella el significado exacto de lo que sin entenderlo llamabas amor.
Pero sólo quedé derrotado de mi batalla ante lo que tú, callada y sonriente, como siempre,
con la mirada entregada y segura, en cada beso me regalas.


Incitatüs
(Septiembre'11)
Imagen: internet

martes, 7 de junio de 2011

La rosa que mi alma olvidó


Olvidé tras mi sombra la pequeña rosa que me obsequiaste. La primer rosa que humilde buscaba entregarme su delicado aroma de amor. Era joven y simple dijiste, pero llena de un sentido y una ilusión.

Mi sombra pueril sin embargo se hizo espesa y cimbró de horror ante la belleza de tu detalle. Ennegrecida, segura bloqueó la entrada de mis sienes y mi conciencia. Mi cansado corazón entonces, no alcanzó una estrella que de su tallo brotaba. Memoria corta se justificaba, pesadillas largas que cegaron ante la majestuosidad de la luz emanada de tu mirar.

No tuve palabras para describir el porqué perdí tu rosa. La perdí tras mi sombra y el alma de mi sombra se perdió tras tu luz. He cometido un pecado; mi alma, mi mente y todo mi ser no descansarán hasta encontrar la salvación. Juraré por el eterno brillo de tus noches, que tras mi sombra atormentada, sembraré un campo de rosas con tu nombre, con tu amor.

Ésta es mi manera de pedirte perdón.


Alberto Rivera
"Incitatüs"
(Junio'11)
Imagen: Internet

martes, 3 de mayo de 2011

El hueco de mi tumba


No me presenté como siempre
a la espera del destino.
De la vida, estaba muerto.

Eran las doce menos diez,
los pies cansados, lastimosos.
De nuevo, la tumba de mi alma.

Nada había ya en ese lugar vacío,
sólo todo yo y mis distancias.
También el hueco que imploraba un altar.

Tras de mí un sepulcro de horrores y santos,
junto, la huella de una gloria forzada.
Mi loza, la ausencia de un héroe nuevo.

Muerto otra vez me levanté como antes,
cogí mis glorias y alguna que otra herida.
Al suelo las lagrimas que de inmediato secaron .

No aprendí más que levantarme siempre.
Las derrotas insignificantes a mis roídas manos.
La victoria, un sueño infinitamente alejado.

El hueco de mi tumba exige un héroe,
un ser puro y lleno de logros, de fracasos.
Reclama la dignidad para ser honrado.

Mi espíritu sólo reclama luchas, y batallas,
la guerra que mis manos no han cerrado.
Mi alma, la entrega, la fortaleza para seguir andando.


Incitatüs
(Mayo'11)
Imagen: Fernando Vicente