jueves, 15 de julio de 2010

Acércate a mí

Acércate a mí lenta y tranquilamente, amor.
Toma mi mano seca como sueles hacerlo y sin rencor.
Sonríe y regálame de nuevo aquel beso entero de infinita pasión.
Entrégame los labios y poco a poco, la dulce savia de eterno amor.

Aparta de mí los sinsabores de los pecados cometidos, por error.
Desecha las lágrimas y desdichas que sin saberlo, mi ser te ocasionó.
Libera los grilletes que mi pasado desquiciado y absurdo a mis tobillos ató.
Acaricia mis cicatrices y cura las heridas libradas por los años de rencor.

Acuéstate conmigo, duerme entregada y por completo en nuestro aposento mayor.
Hagamos del Cielo un templo a nuestro impuro y descabellado sentido de pudor.
Cimbremos de pasiones encarnadas e infinitas la era de aquel imperfecto Creador,
y por siempre y antes de cavar la fosa donde yacerán los restos de dolor,
regresemos con Él al lugar en que con infinito y profundo amor nos engendró.


incitatüs
(julio’10)
imagen: internet

domingo, 23 de mayo de 2010

Espera

Esperamos intranquilos la muerte.
La invocaste tú y yo arrastrado la perseguí.
Caminamos en el filo de una aguja vertida,
con los pies descalzos y con la saliva rota.

Esperamos las señales de los Santos.
Tu rencor y mi odio al fin se presentaron.
La marca de las hojas secas, dieron la hora exacta.
La imagen roída de un cuerpo, es el sexo prohibido.

Esperamos destruirnos a nosotros mismos.
Deseamos la daga clavada en el cuello del destino,
Insertamos en las sienes de la zozobra y el camino .
Anclamos el fondo de un precio impreciso a pagar.

Esperamos la copa sangrante de los muertos.
La bebimos de la cabeza recién cortada.
Destruidos, desechos, desterrados del amor incluso.
Para así mismo, nos empezamos, tú y yo, a entregar.



incitatüs
(mayo'10)
imagen: internet

sábado, 17 de abril de 2010

Maldita La Hora


Buscó su viejo cuaderno y escribió:
“Maldita sea la hora”.
Y fue a la barra de la cantina y tomó una cerveza.
Furioso, tomó de ella y arrojó la botella al suelo.
Salió llevándose consigo su dolor y melancolía.

Encontró un árbol y en él escribió:
“Maldita sea la hora”.
El árbol recriminó su desasosiego y lo dejo caminar solo.
Arrastró sus pasos y el llanto confundió su rostro maltrecho.
Ahogado en pena, se encaminó en busca de una dignidad perdida.

Llegó a casa y en el espejo del baño escribió:
“Maldita, maldita sea la hora”
Y el reflejo angustioso penetró tajante en su mirada,
Salió de su cuerpo y desde dentro empezó a escaparse.
Un sentimiento putrefacto inundó lentamente su hora maldecida.


incitatüs
(abril'10)
imagen: internet

miércoles, 31 de marzo de 2010

Indiferencia

Llegaré tarde ésta noche nublada.
Ella, como siempre, la cena la tendrá preparada.
Pondrá velas rojas y las copas de gala.
Servirá sopa y en la radio música suave y calmada.

Iré a la cocina, beberé leche de la botella helada.
Comeré galletas, dejaré la chaqueta abandonada.
En la mesa aventaré las llaves y la cartera acicalada.
En el televisor, el noticiero tendrá la mente ocupada.

Preparará el baño, pondrá lociones de aroma especializada.
La toalla seca junto a las sandalias acurrucadas.
Acomodará la cama, en el buró, la novela rosa aterciopelada.
Esperará mi ducha recostada en la cabecera enamorada.

Acudiré directo a las sábanas, la tina quedará desparramada.
Me quitaré los zapatos, la ropa quedará aletargada.
Tratará de sobarme la espalda o hacer una charla apasionada.
Recogeré las piernas, meteré entre las cobijas y la tendré alejada.

La miraré a los ojos, le diré que la historia ha sido terminada.
Que mi vida encontró una esperanza, que la mantiene ilusionada.
Prepararé la maleta, llenaré de recuerdos y acompañaré a la puerta azotada.
Me despediré de la Soledad, mientras mi alma, felíz, vive revoloteada.



incitatüs
(marzo’10)
imagen: internet

miércoles, 3 de marzo de 2010

Secreto de Voces

Ahora regreso del viaje, de un secreto de voces.
Me envolvieron en una manta de cuero verde, de cuero roído.
Me llevaron y tiraron hasta el basurero más lejano de la ciudad.
Ahí, levantaron mis restos rotos algunos perros de la calle.
Las ratas negras me han mordisqueado bastante ésta vez.

Camino con una pierna sorda, la otra, está más muerta todavía.
Los perros de la calle que comen mi cuerpo siguen un rastro de carne.
Tienen hambre y sed de ansiedad y así sacian su instinto carnal.
Sus noches de juerga quedaron en mis dactilares, otras, en sus colmillos.
Los sentidos y mis lamentos se aglutinaron en un solo paso.

Despierto vivo en casa de nuevo, son las doce menos trece de la noche.
No hay luz y el agua sucia se desparrama del lavaplatos.
La ventana rota de la estancia sopla a un silbido que reconozco.
Las frazadas húmedas, acompañan mi catre oxidado de años vacíos.
El olor a desesperanza es lo único que acompaña a ese silbido.

Me quito la cabeza y la ruedo debajo de la cama.
Lo que me acompaña ahora es tranquilidad y un secreto de voces.
Afuera, la vida de la gente podrida hace el infortunio de otra gente.
Aquí dentro, mi naturaleza me hace el ser más inmune a ello.
Sí, es hora de convertirme en cucaracha de nuevo.



incitatüs
(marzo’10)
imagen: internet