
Solitario y paciente emprende su camino.
El peso que su maltrecho cuerpo lleva
hace más torpes sus pasos.
El calor, la sed y la ansiedad
también son parte de su carga.
Sin embargo, nadie es más adecuado para hacerlo.
Al llegar a su desierto
se arrodilla y paciente pide más peso, más carga,
la del orgullo incluida.
Aún así, el camello se levanta cansado, maltratado, pero fuerte.
Esa es su naturaleza.
Aunque es el más fuerte y grande de todos,
también es el más terco.
El camello que en el desierto busca su oasis
sólo encuentra espejismos.
Las dunas y el polvo lo han dejado ciego.
Pero con carga y todo a cuesta
sigue buscando el oasis
aunque éste ya se encuentre seco.
Persiste, y también es parte de su naturaleza.
Orgulloso de soportar toda la carga que puse sobre mí
me he creído el más fuerte de todos.
Por ello mismo, me ha crecido una enorme joroba.
El espejo en el armario no miente.
La joroba y esa carga son mi naturaleza.
Los jorobados solemos no ser atractivos.
Y eso, ya debería de haberlo entendido.
(junio'09)