
El ruido añejo lo inventaste para destruir mis sentidos.
Has vuelto a tu hogar y ni tu lugar se ha incendiado con tu vientre.
Vienes y gritas lagartijas amarillas y me escupes al rostro con tu pus animal.
Me agítas y me pides traguémos el veneno de las ratas que pueden volar.
Pero también duérmete, y calla cuando la luz se haya marchado.
Desliza con tus dedos cada gota de savia que nace del mar.
Agonízala mientras piensas un nuevo hijo para romper tus sienes,
y asesina al que mata a las rareza de tu cuerpo maltrecho.
El árbol maldito sembró de sus pétalos un androide paranóico.
Cosecha con su aliento un poco de tu humor, de tu llanto.
Dale un espacio donde sus sentidos estallen hasta el cosmo,
y vomita las excusas que a su paso y del suave tapete se vestirá.
incitatüs
(marzo'09)
imagen: internet