
de la sangre podrida ya habita nuestras moradas,
donde los espejos y sordas ranas se ahogan en su pus,
desenvueltos y roidos con niños que muertos nacieron.
Y es entre cavernas de odio espeso y arrebatado,
el santo que a látigos mata y deja sus aposentos,
con la brisa de fuego apareciendo en los sentidos,
de sin sabores, que amargos años ha bebido.
La enramada sangra y atravieza rauda los campos,
duerme con sollozos a la siesta del eterno a tiempo,
sí, hay cosas peores que la espera agónica de la vida,
pero que, como siempre, ésta no escucha lamentaciones.
¡nc¡tatüs
(junio'08)
imagen: internet