
Cayendo en obscuro pozo,
repleto de agujas que lastiman los ojos.
Sentir el aire que no es caliente entre mis sienes.
Cada metro que caigo vivo más.
Los gusanos esperan y la sangre se pudre.
Los huesos se llenan de musgo.
La risa del pozo es profunda, es obscura;
me traga, me erupta, me ama.
Mi cara inexpresiva sólo asienta lo que será su triste final.
Los sonidos ya no existen,
ya no lloran, no ríen;
no tienen que hacerlo.
La música y el viento envejecieron, murieron.
No llegué a ellos.
La saliva y el canto.
El alma y el karma.
La vida que ya no es.
No fue culpa mía ni tuya ni de Dios.
El final es triste pero justo.
Es necesario.
Es bienvenido.
No hay más que lágrimas
y todos los besos que no me diste.
Los necesité.
Los merecía.
Ahora ya es tarde.
Son sal.
Son mar y río
Son el humo de un cigarrillo,
de un cigarrillo tuyo.
El dolor es mi amigo.
Es mi cómplice.
Es mío y yo de él.
No le debo ni me debe;
viajamos en el mismo tren.
Ya es hora, debo irme.
¿O debes hacerlo tú?
No sé dónde estoy.
No sé si estoy.
Sólo sé que aquí no es mi lugar.
Otra vez tu luz, tu mirada,
y ese ser enfurecido que me domina.
Inc¡tatüs
(Marzo '97)
imagen: internet