lunes, 20 de febrero de 2017

Café



Y al quedarnos solos, me senté en el viejo sillón donde desde hacía bastantes meses no lo hacía.
Te serví una taza de café, dos y media de azúcar como te gusta. La mía, desde hace algún tiempo sin endulzante. Te observé mientras seguías metida en tu celular. Te sentabas sobre una de tus piernas mientras la otra colgaba descalza, como siempre.

Sonreías de vez en cuando al leer, supongo, los mensajes de tus amigos. Tal vez eran mensajes de él, pensé. Al verte sonreír me dí cuenta que aunque el tiempo pasara, tu rostro seguía intacto.
"Eres tan hermosa como el día que me fui" te dije desde mi pensamiento.
"Te he extrañado tanto, tanto que aún no puedo creer estar aquí" te grité en mi interior. El silencio entonces se te hizo incómodo y volteaste a verme. Mi mirada cambió estrepitosamente, no quería supieras estaba contemplado tu hermoso ser.

-¿Cómo están tu mamá y tus hermanas? Tus sobrinos deben estar bien grandes-, me dijiste.
-Están bien, gracias, todos bien.- Te dije enseguida. Y como inercia empecé a contarte tantas cosas que tenía atoradas y que sólo contigo podía sacarlas. Te hablé de mi familia, de mi trabajo, de mis proyectos, de mi terapia incluso. De cómo estaba logrando vencer ese mounstro que está dentro de mí y provocó nuestra separación. A veces volvias al celular y sonreías, como ignorando mi plática. Como si lo que te decía no fuera más que palabras a tu pregunta de cortesía. Y yo entonces prefería seguir callado.

Después de un rato preguntaste que qué más te contaba. Entendí que realmente era irrelevante todo lo que te había dicho en unos minutos que resumí de varios meses sin tu presencia. Fue cuando que te dije que no sabía porqué querías que estuviera yo ahí. Que las cosas en mi mente y mi corazón seguían intactas y que mi amor por tí seguía creciendo cada vez más. Que el tiempo me había hecho mejor persona y que todo lo que lograba lo hacía para demostrarte que solo vivía para estar contigo.

Pero mi voz se volvió muda a tus oídos... a tu corazón. No encontré la respuesta que desde hacía más de un año esperaba con ansia. Me excusé por mis errores y evité lo más que pude reprocharte nada. Pero todo lo que dije fue en vano. Tu mirada ya no tenía ese brillo de cuando nos conocimos... o por lo menos ya no por mí. Traté de entender tu silencio, tu mirada perdida y tu falta de razones a mis dudas... No encontré más que la realidad de una persona que no siente amor por la otra.

Creí entonces que ni tú sabías que hacía yo ahí, en un lugar que ya no me corresponde. Mi café sin azúcar se volvió más amargo... frío. Tu mirada dulce de nuevo volvió al celular. Mi corazón notaba la indiferencia del tuyo... se había olvidado del amor que durante tantos años te di.

Me levanté y recogí las tazas, las llevé a la cocina. También recogí mi mochila. Estaba incómodo en tu casa que durante mucho tiempo fue la mía. Estaba incómodo de tu cariño que ya no era siquiera lo más mínimo para el mío.

-Vine a terminar con ésto, a cerrar el ciclo-, te dije aunque fue lo primero que se me ocurrió. Yo realmente deseaba volver contigo.
-Ya debo salir de éste sufrimiento de no tenerte cerca, de extrañarte todas las noches, de pensarte durante todo el día todos los días-, rematé con esa verdad.
-Me tengo que ir para siempre porque ya no me amas ni me necesitas aunque yo a tí sí. Me tengo que ir porque me estoy lastimando por todo lo que mis errores provocaron.

No discutiste mi decisión, al contrario, la aceptaste. Y con eso confirmé lo que dije, ya no me amabas. Salí de tu casa de nuevo y busqué en el cielo la luna. Me la mostraste justo detrás de mí, lejana, muy lejana y contraria a mi camino. Me abrazaste y mis lágrimas no pudieron esconderse. No volvería más y tú lo sabías. Salí y aunque esperaste un poco, por fin cerraste la puerta.

-"¿Qué hago aquí?" me pregunté de nuevo.
-"Vine a terminar con ésto, a cerrar el ciclo" entendí por fin.

Pusiste llave a tu puerta y yo puse en marcha mi motor. Sabías que a ésto había ido. Para eso me invitaste a ir a tu casa. No era el café, ni era porque quisieras saber de mí y mi familia. No era porque me extrañas. Siempre fue porque eres más lista que yo e hiciste por mí lo que yo ni siquiera sabía que tenía que hacer.

Y por eso, te doy las gracias.


Incitatus
(Febrero'17)
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2 comentarios:

  1. Ese es el fin definitivo.
    Todas las puertas emocionales se han cerrado.

    Saludos.

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  2. Que bonito ese gracias, para cerrar un ciclo y empezar de nuevo.
    Gracias por tu texto
    Saludos

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