martes, 9 de septiembre de 2008

El Arraigo (parte VII)

Parte VII

Marcos y yo nos preguntábamos cuándo veríamos a José Juan en la Casa; pensábamos que seguramente sería arraigado, ya que lo que nos había contado en la SIEDO indicaba que su situación legal iría por el mismo camino que el nuestro. Sin embargo, nunca lo volvimos a ver. Por el contrario, Juan y Jesús cambiaron poco a poco su comportamiento con nosotros. Supuse que se debería a que seguramente sabían que estaríamos con ellos bastantes semanas y que no quedaba otra que tolerarnos como lo hacían con Polo, Julio y Oscar. Cada uno de ellos tenía una manera distinta de pasar el tiempo, Polo, "el Delicioso", era el más carismático de toda la habitación; si no estaba cantando y bailando, se la pasaba hablándoles a las mujeres de la habitación que teníamos casi en frente. Era coqueto y le gustaba el desmadre, decía que estaba enamorado de la mujer de amarillo que siempre estaba sola. Cuando no estaba en plan de desmadre, ponía unas sábanas alrededor de su cama según para tener privacidad. El hecho de que su cama estuviera debajo de la de Julio, ayudaba bastante a eso. Así se la pasaba dormido la gran parte del día, sólo cambiaba su rutina para salir a comer y al descanso en el patio, así como a la hora de rezar. Julio César Abasolo jugaba al solitario. Era, después de nosotros, el que más recientemente había llegado. Tenía justo una semana más que Marcos, Celestino y yo. Platicaba mucho con Jesús Apodaca, le gustaba todo lo que tuviera que ver con asuntos de propiedades, dinero y cualquier cosa que tuviera que ver con el poder. Decía que él había sido comandante de la Policía en Tijuana y tenía varios negocios muy fructíferos. Se jactaba de tener bastante dinero y ser culto. Jesús, por su parte, hablaba poco. Y aunque trataba de hacer el diálogo con Julio César, sus comentarios eran más minuciosos. También tenía negocios en Culiacán, pero a diferencia de Julio, no le gustaba alardear de ello. Juan Manuel Cavazos tenía como hobbie el jugar crucigramas de los periódicos o revistas. Él, se ponía de espaldas a la cámara para así poder hacerlo, ya que estaba prohibido tener lapiceros o cualquier objeto parecido. Esto, en lo particular me daba algo de tristeza, ya que me hubiera gustado mucho tener la oportunidad de escribir desde ahí, ya fuera desde alguna carta, algunos escritos o ¿porqué no?, hasta llevar la bitácora de mi estancia ahí. Sin embargo, yo respetaba todo eso. Con respecto a Marcos, Celestino y yo, pues realmente no hacíamos nada. Celestino estaba encantado con la televisión por cable, viendo programas que supongo, tal vez nunca antes había visto, como Animal Planet o Discovery Channel. Marcos y yo platicábamos mucho en relación a nuestra situación. Él había decidido contratar un abogado particular para llevar su caso, y éste, prácticamente le informaba todos los días en la hora de la visita del avance o no del mismo. Por mi parte, mi única referencia se basaba en lo que el licenciado Islas y mi familia me informaban, y hasta ese momento no era nada alentador.

Sin pena ni gloria, pasamos así nuestra primera semana en la Casa del Arraigo. Para ese entonces, ya nos habíamos acoplado tanto a los compañeros de cuarto, como a la rutina. Vimos y entendimos que la gran mayoría de los habitantes iban a ser procesados a los diferentes Reclusorios de la Ciudad de México, y algunos, los más pesados, irían al CEFERESO de la Palma, en Almoloya de Juárez, hoy llamado el Altiplano. Realmente eran pocas las personas que saldrían libres de éste proceso. Por esos días, al llamarnos a formar para el desayuno, nos encontramos con una novedad. De la habitación 216 salía un personaje que influiría por completo en la Casa del Arraigo. Había llegado la licenciada Silvia Raquenel Villanueva.

La licenciada Raquenel Villanueva era conocida por ser defensora de varios narcotraficantes. Tenía en su historial varios casos conocidos y recientemente, era la encargada de llevar a cabo el caso de Diego Santoy Riverol, quien había asesinado a los hermanos de su novia. También había sufrido varios intentos de asesinato, incluidos una bomba y de los que había salido ilesa. El primero en informarnos de quien se trataba, fue Oscar, al parecer él era la persona más informada de nuestra habitación. En persona, Raquenel se veía de carácter fuerte, molesta con todo y con todos, dispuesta a dar la batalla a costa de su integridad misma. La habían arraigado por treinta días por el supuesto secuestro de un agente ministerial en Chilpancingo, Guerrero, en el cual se le vinculaba con alguna organización criminal que según, ella estaba en esos momentos defendiendo. Iba acompañada por un agente regional de la AFI de Guerrero. Notamos sin embargo que el trato hacia ella era diferente a los demás. El mismo Comandante Armas la había llevado a su habitación, una habitación exclusiva, aunque sin ninguna comodidad extra. Alegaba sin embargo su derecho a hacer las llamadas que quisiera, ya que no estaba privada de la comunicación, lo que al principio indignaba a la mayoría de los habitantes del segundo piso, ya que no teníamos para nosotros esa preferencia. En cambio, había empezado una huelga de hambre, la cual duró si acaso dos o tres días.

También por esos días llegaron tres sujetos provenientes de Hermosillo, Sonora. Una noche antes, los habíamos visto en el noticiero, ellos habían sido capturados cuando realizaban las excavaciones para un narcotúnel que atravezaría la frontera con Estados Unidos. Sin embargo, lo qué más me llamaba la atención eran los habitantes de la habitación 208, justo al final del pasillo. Ellos, en su mayoría jóvenes de menos de veinte años de edad, eran acusados por secuestro, pero al parecer esto no les importaba en lo más mínimo. Desafiaban a los oficiales de guardia a la hora de salir al comedor o al descanso, o los demás habitantes con su escándalo a media noche. Pero también estaban coludidos con algunos guardias, ya que éstos les llevaban desde cigarros hasta pizzas o pollos del Kentucky, lo cual obviamente, estaba prohibido.

A pesar de empezar a conocer todo ésto y después de acoplarme a la rutina por completo, mi situación era lo más importante para mí. Llevábamos ya varios días sin notificación alguna por parte de mi abogado. Lo poco que sabía el licenciado Islas de mi caso, era que mi arraigo no se justificaba, supuestamente no aplicaba ni delitos contra la salud, ya que el medicamento que desvié era solo un antigripal; y mucho menos la delincuencia organizada, porque en principio, no tenía el contacto con más de una persona, y para que ésta aplicara, debíamos ser por lo menos tres personas implicadas en el delito. También explicaba que no debía habérseme arraigado por noventa días, ya que lo indicado era un lapso de treinta, seguido por uno más de treinta o sesenta días más a consideración del juez y a petición del Ministerio Público, por lo que alegaba que lo ideal era intentar un amparo para poder llevar mi caso fuera de ésta instancia. Pero ésto nunca se dió. Con Marcos, según el licenciado Islas, la cosa era diferente. Él sí había cometido la delincuencia organizada, ya que no sólo me conocía, conocía a José Celestino, y a quien éste le vendía el Actifed, además que como había dicho el mismo Marcos, antes ya había hecho éste tipo de actividades ilícitas. Su abogado le daba pocas esperanzas de salir del problema, incluso le había dicho que tanto José Celestino como yo también seríamos procesados a algún reclusorio, lo que de repente me inquietaba mucho, ya que por ningún lado nos daban esperanza de salir y menos pronto.

Sin embargo, Marcos estaba más preocupado por la salud de su hijo que por su caso. Adrián, su hijo, tenía un severo problema en la próstata a pesar de sus cortos quince años. Al parecer estaba ya dializado y había sido pospuesta su operación debido a algunos trámites burocráticos y a las vacaciones de su médico. Él, cada noche hablaba con su hijo y su esposa, noté que cada vez que regresaba de su llamada se ponía triste, incluso vi algunas veces lágrimas en sus ojos. Me contaba que amaba a su esposa, a pesar de que habían tenido algunos problemas con anterioridad; decía solían tratarse como novios, salían a divertirse cada fin de semana y eran asiduos a las fiestas y los bailes populares. A pesar de no ser una persona adinerada, vivía bien, ya que con el sueldo de su esposa y el suyo les alcanzaba perfectamente. Tenían casa propia y se habían hecho recientemente de un auto que aunque modesto, era nuevo. Creo que en general llevaban una vida tranquila. En una ocación, a nuestra platica se nos unió Julio César, quien era divorciado en un par de ocasiones, tenía trece hijos en total, la mayoría, producto de diferentes relaciones extramaritales. Nos confió que tanto Polo como Oscar estaban separados de sus esposas, aunque mantenían relación con otra pareja cada uno. Juan Manuel y José Celestino seguían casados. Así fue como me di cuenta que yo era la única persona de la habitación que era soltero.

4 comentarios:

  1. Pues sigue la mata dando, el texto te atrapa, pero hoy ví algunas cacofonías que copio, creo que puedes rehacer o suprimir un poco esos pequeños errores. Por ejemplo

    viendo programas que IMAGINO nunca antes había siquiera IMAGINADO ver,

    En PERSONA, se veía una PERSONA de carácter fuerte

    Notamos sin embargo que el trato hacia ELLA era diferente a los demás. El mismo Comandante Armas la había llevado a su habitación, una habitación exclusiva para ELLA, aunque sin ninguna comodidad extra.

    YA QUE no aplicaba ni el delito contra la salud, YA QUE el medicamento que desvié era solo un antigripal, y mucho menos la delincuencia organizada, YA QUE en principio yo no tenía el contacto con más de una persona.

    ese "YA QUE" se repite a lo largo de dos párrafos.
    En fin yo tengo también muchos errores, y estas en toda la libertad de enviarme directo a la papelera de reciclaje o más allá.

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  2. Palimilla siempre tan puntual en sus observaciones.

    Y muy bien no se que paso con José Juan.

    Es interesante saber con quién compartimos Cancún.

    Pero y el personaje principal?

    Que onda con él?

    Qué piensa, que quiere, que sueña, en fin, esperemos.

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  3. Palomilla:

    Corregidos...
    Agradezco tu visita y màs tus comentarios correctivos. No me justifico, pero a veces escribo sin darme cuanta de mis errores. Espero evitar lo màs posible los mismos, Gracias...!

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  4. Cuatroletras:

    Pasciencia señorita...!
    Al pobre tipo de la historia apenas le viene lo bueno...
    Creo...

    Gracias por tu visita...

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