viernes, 9 de mayo de 2008

Héroe

Pasé mi mano por el cristal empañado de la combi, la lluvia ya no caía tan fuerte, pero el vaho de los pasajeros seguía empañando los cristales. Se veían distorsionados los colores, rojo y verde de los semáforos, las luces de los autos, las luminarias de la calle. La gente de afuera ya no se rezguardaba en las marquesinas de los negocios, la noche en sí estaba mojada, confusa.
Mis pensamientos estaban tambien empañados, distorsionados al igual que el cristal de mi transporte. Mi recuerdo inmediato había hecho sacudir mi mente y hasta mi corazón. Y es que acababa de regresar de Pachuca despúes de un fin de semana de trabajo. Cerca de Zumpango había empezado a llover, y eso me despertó. Parecía un diluvio. "Siempre que regreso de Pachuca llueve", me decía, mientras me acomodaba de nuevo para seguir con mi siesta. En las pantallas de autobús, la misma película de una semana antes, y cómo no, era el mismo autobús de una semana antes.
Sin embargo ya no pude dormir. Subí los pies al asiento contínuo, ya que casi siempre el autobús regresa casi vacío. Ahora eramos más de diez pasajeros, demasiados para lo común. Abracé mi chamarra y me puse a pensar no recuerdo en qué. Al pasar la primera caseta, escuché que la muchacha de atrás hacía una llamada: "Ya estoy pasando la caseta de Los Héroes, sé mi héroe y ven por mí por favor, está lloviendo". "Los Héroes", me dije a mí mismo. Imaginé por un momento al cura Hidalgo vestido como Batman o a Morelos como Superman. La Corregidora sería la Mujer Maravilla, sonreí. "Ya no existen héroes en éste mundo" terminé diciendo enfático y haciendo una mueca sonora.
Al llegar a mi parada, la mayoría de los más de diez nos levantamos. "La Treinta" gritó el chofer para los que seguían dormidos. La mayoría pensabamos que nos ibámos a mojar, la lluvia no cedía. Mientras, los depachadores de las combis y taxis gritaban para que nos hicierámos de sus servicios. Yo no los ocuparía. Tenía que caminar varias cuadras y subir un puente para llegar hasta donde sale mi transporte. Y seguía lloviendo. Caminé, y para mi sorpresa, fueron más de diez lo que me acompañaban en mi mojada travesía. Al llegar a un puesto de revistas, me rezguardé y algo me llamó la atención. Un cuadro de Superman en un toque gótico. No se veía mal, pero volví a decirme a mí mismo, los héroes sólo existen en la imaginación.
De repente veo que mis más de diez compañeros cruzaban la avenida. la mayoría lo hacía deprisa. El semáforo empezaba a parpadear y pensé: "si no corro, no voy a llegar al otro lado". Como pude agarré mi mochila de un tirante y corrí. Sin embargo me dí cuenta que no llegaría hasta la acera de enfrente, y me quedé en pleno camellón, mojándome. Ví que el semáforo se me ponía en rojo y ya no podía pasar. Sin embargo los autos no avanzaron. A mis espaldas, los demás autos avanzaban con gran velocidad. Volví la vista a todos lados, buscando la respuesta a tan peculiar situación. Caminé a mi costado un poco, para ver si el semafóro no servía, o seguía en rojo, pero no, estaba en verde. No entendí, y hasta me sentí como un tonto, porque podía pasar, pero nada garantizaba que no avanzaran los autos y ,e atropellaran.
Fué entonces cuando lo ví. Ahí estaba. Entre la lluvia, las luces de los autos y los claxonazos había una mano mojándose en todo lo alto. Una mano que impedía a los automovilistas avanzar. Bajé la vista y poco a poco fuí descubriendo una silueta. Era la de un policía que me miraba insistente, esperando que pudiera pasar. Me intimidé, caminé de prisa, casi corrí. Al llegar a la banqueta, el oficial bajó la mano y permitió que avanzaran los autos. Me sentí raro. Pensé, "¿porqué a mí?, si no venía nadie conmigo, si no soy una viejecita o una chica guapa, ¿porqué a mí?, ¿porqué detuvo los autos para que alguien como yo pasara?" Me sentí vulnerable, confuso.
Ahora mis pensamientos son interrumpidos de nuevo. Alguien le grita una majadería al chofer de la combi en la que voy y éste se la regresa con una mentada. Ahora veo que he vuelto a la realidad. Ahora a mi mente viene la voz de la chica que pedía ayuda a "su" héroe, y sentí que tal vez ese oficial de transito, que también se mojaba y me dió el paso, seguro tendría que ser uno de ellos.
¡nc¡tatüs
(mayo'08)
imagen: internet

2 comentarios:

  1. Me preocupa que no se sienta merecedor de un acto heroico, el problema es que piensen que no lo merecemos.

    Hay muchos héroes en esta ciudad, pero no tienen capas ni antifaces, ni revistas que cuenten sus hazañas.

    Cuando un hombre o mujer, hace más allá de sus posibilidades y lo hace a costa de si mismo, para un desconocido ese es un héroe.

    Recuerdo esa noche, de hecho lo esperaba, sabia que se mojaría.

    Saludos.

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  2. Cuatroletras:

    A veces no es que alguien no se sienta merecedor de un acto heróico, es que simplemente no se está acostumbrado, y más si el héroe es un miembro de un cuerpo policiaco, que no es precisamente heróico...

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