domingo, 3 de septiembre de 2017

Libre

Ya no te he pedido nada.
Incluso, lo que tanto necesitaba.
Había caído en la necedad de tenerte
o de por lo menos saber de ti.

Te creí necesitada, sola... indefensa,
pero demostraste que no lo eras.
Eso me dejó tranquilo.

Me creí tu salvador... tu héroe
y demostraste que no lo era.
Eso me había dejado frustrado.

Hoy es diferente todo.
Ya no te pido nada.
Ni siquiera lo que tanto necesité
porque simplemente ya no lo necesito.

Yo quise protegerte y tú,
sólo querías ser libre.
Ya lo eres.

Y aunque aún te sigo amando
y te seguiré extrañando,
si hoy pudiera pedirte algo,
sería simplemente
que nunca, nunca dejes de volar.

Incitatus
(Agosto'17)
Imagen: Internet

lunes, 20 de febrero de 2017

Café

Y al quedarnos solos, me senté en el viejo sillón donde desde hacía bastantes meses no lo hacía.
Te serví una taza de café, dos y media de azúcar como te gusta. La mía, desde hace algún tiempo sin endulzante. Te observé mientras seguías metida en tu celular. Te sentabas sobre una de tus piernas mientras la otra colgaba descalza, como siempre.

Sonreías de vez en cuando al leer, supongo, los mensajes de tus amigos. Tal vez eran mensajes de él, pensé. Al verte sonreír me dí cuenta que aunque el tiempo pasara, tu rostro seguía intacto.
"Eres tan hermosa como el día que me fui" te dije desde mi pensamiento.
"Te he extrañado tanto, tanto que aún no puedo creer estar aquí" te grité en mi interior. El silencio entonces se te hizo incómodo y volteaste a verme. Mi mirada cambió estrepitosamente, no quería supieras estaba contemplado tu hermoso ser.

-¿Cómo están tu mamá y tus hermanas? Tus sobrinos deben estar bien grandes-, me dijiste.
-Están bien, gracias, todos bien.- Te dije enseguida. Y como inercia empecé a contarte tantas cosas que tenía atoradas y que sólo contigo podía sacarlas. Te hablé de mi familia, de mi trabajo, de mis proyectos, de mi terapia incluso. De cómo estaba logrando vencer ese mounstro que está dentro de mí y provocó nuestra separación. A veces volvias al celular y sonreías, como ignorando mi plática. Como si lo que te decía no fuera más que palabras a tu pregunta de cortesía. Y yo entonces prefería seguir callado.

Después de un rato preguntaste que qué más te contaba. Entendí que realmente era irrelevante todo lo que te había dicho en unos minutos que resumí de varios meses sin tu presencia. Fue cuando que te dije que no sabía porqué querías que estuviera yo ahí. Que las cosas en mi mente y mi corazón seguían intactas y que mi amor por tí seguía creciendo cada vez más. Que el tiempo me había hecho mejor persona y que todo lo que lograba lo hacía para demostrarte que solo vivía para estar contigo.

Pero mi voz se volvió muda a tus oídos... a tu corazón. No encontré la respuesta que desde hacía más de un año esperaba con ansia. Me excusé por mis errores y evité lo más que pude reprocharte nada. Pero todo lo que dije fue en vano. Tu mirada ya no tenía ese brillo de cuando nos conocimos... o por lo menos ya no por mí. Traté de entender tu silencio, tu mirada perdida y tu falta de razones a mis dudas... No encontré más que la realidad de una persona que no siente amor por la otra.

Creí entonces que ni tú sabías que hacía yo ahí, en un lugar que ya no me corresponde. Mi café sin azúcar se volvió más amargo... frío. Tu mirada dulce de nuevo volvió al celular. Mi corazón notaba la indiferencia del tuyo... se había olvidado del amor que durante tantos años te di.

Me levanté y recogí las tazas, las llevé a la cocina. También recogí mi mochila. Estaba incómodo en tu casa que durante mucho tiempo fue la mía. Estaba incómodo de tu cariño que ya no era siquiera lo más mínimo para el mío.

-Vine a terminar con ésto, a cerrar el ciclo-, te dije aunque fue lo primero que se me ocurrió. Yo realmente deseaba volver contigo.
-Ya debo salir de éste sufrimiento de no tenerte cerca, de extrañarte todas las noches, de pensarte durante todo el día todos los días-, rematé con esa verdad.
-Me tengo que ir para siempre porque ya no me amas ni me necesitas aunque yo a tí sí. Me tengo que ir porque me estoy lastimando por todo lo que mis errores provocaron.

No discutiste mi decisión, al contrario, la aceptaste. Y con eso confirmé lo que dije, ya no me amabas. Salí de tu casa de nuevo y busqué en el cielo la luna. Me la mostraste justo detrás de mí, lejana, muy lejana y contraria a mi camino. Me abrazaste y mis lágrimas no pudieron esconderse. No volvería más y tú lo sabías. Salí y aunque esperaste un poco, por fin cerraste la puerta.

-"¿Qué hago aquí?" me pregunté de nuevo.
-"Vine a terminar con ésto, a cerrar el ciclo" entendí por fin.

Pusiste llave a tu puerta y yo puse en marcha mi motor. Sabías que a ésto había ido. Para eso me invitaste a ir a tu casa. No era el café, ni era porque quisieras saber de mí y mi familia. No era porque me extrañas. Siempre fue porque eres más lista que yo e hiciste por mí lo que yo ni siquiera sabía que tenía que hacer.

Y por eso, te doy las gracias.


Incitatus
(Febrero'17)
Imagen

jueves, 19 de mayo de 2016

Aunque no te pueda ver

En mi vida no tengo más ventanas, para ver el cielo llover.
No existen ya las luces de tu risa, ni de tus tus ojos.
La luna olvidó alumbrar de nuevo mi sombra, y me atemoriza.
El miedo me sigue, no de deja de perseguirme la tristeza.

Necesito todo lo que de mi vida aún tengo. para darte.
Es tanto lo que no cabe en mi pecho, que mis ojos lo derrama.
Es tanto que el sollozo es eterno, pero tampoco es mío.
No tengo más motivos ya en mi reflejo, que encontrarte.

Solo tenía un par de manos torpes, que ahora te escriben,
se desgarraron para darte lo que no supieron darte, y ahora duelen,
Solo tengo un corazón que por tí aún late... y aún te exraña.
Y también te lucha, y te ama... aunque como a la luna y a la lluvia
no los pueda ver.

Incitatus
Mayo'16
Imagen: internet.

lunes, 21 de julio de 2014

Desconsuelo

A veces encuentra el desahogo de su impotencia, su desahucío. De aquél grito que desesperado retumba silente bajo el techo de lámina vieja.
A veces son la claridad y el motor y la verdad; esa verdad que aquél que la sabe parece ocultarla bajo la luz de una mirada, de una sonrisa hermosa, como si eso solo le bastara.
A veces necesita urgente ese rayo que otros llaman esperanza, consuelo o ¿por qué no? resignación, y es entonces cuando parece que al que todo lo crea no le interesa voltear a ese pozo.
Es entonces cuando desde ahí, al mirar al Cielo, se da cuenta cuán lejana es su meta, cuánto camino debe alcanzar para llegar solo a la claridad de la normalidad. Y es ahí cuando ve que sus rodillas, sus pies y su alma, no tienen ojos.

Y entonces, llora.


Incitatus
(Julio'14)
Imagen: internet.

domingo, 13 de enero de 2013

Camino y horizonte

Me detuve un instante en el tiempo, en el punto donde mis ojos se fundieran al horizonte en busca de un motivo. El mismo tiempo que en su regazo abandoné la esperanza me orillaba a intentar la muerte. Un paso y luego otro hacía ese horizonte, un sollozo y una pena que mantuvieran firme mis convicciones.

Caminé hasta que los días se volvieron a mi espalda y con ellos, llegaron las llagas en los pies. Caminé a la luna y también a la lluvia la canté. Vi el nacer de las nubes y también la explosión de sus silencios. Pervertí con mi dolor los senderos que atrevidos, postraban mis pasos.

Es entonces cuando el camino me venció y horizonte de nuevo salió victorioso. Amargo me obligaba a la vuelta sobre los tobillos y yo, hastiado no asentía. Pensé que el buscar la muerte tormentosa era el precio de una vida efímera. Pero lo cierto, es que descubrí que la vida es el precio con que debemos honrar a la muerte.


Incitatus
(Enero'13)
Imagen: internet